viernes, 20 de febrero de 2009

Abeja


Me jode. Me jode mucho tener que despertar todos los días para preguntarme por qué diablos no puedo dormir más tiempo. Me jode mucho, también, tener que dormir cada tarde y cada noche sólo para despertarme en mis sueños, despertarme asustada, completamente vacía y nula. Digo que me jode porque no quiero decir que me duele. Porque ya me cansé de confesar que algo me duele. Ya me cansé de darme cuenta de que un sentimiento me estorba, está por todos lados, no me deja dormir, no me deja despertar, no me deja ni sentarme en una de esas banquitas de aquel parque demasiado grande y con demasiada gente. Me jode haber recorrido sus calles, haber tocado sus aspiraciones. Él se ha ido y yo me quedé en medio del camino con Nina a mi costado, una flor amarilla en mi mano derecha y los ojos muy muy abiertos.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Noche

Estos días están resultando ser más digeribles que una de esas bolsitas con papitas que suelo comer junto con mis amigas, después de clases. No es que uno haya olvidado por completo aquellas cosas que uno realmente quiere y no quiere olvidar, sino más bien que uno ha comenzado a barrerlas y colocarlas así cuidadosamente debajo de aquella alfombra gastada muy gastada. Y ahí están, susurrándote al oído por las noches, pidiéndote clemencia pero, claro, uno ya está muy ocupada con mil cosas pendientes, uno ya no quiere saber nada porque ahora las cosas parecen estar marchando un tanto mejor. Yo sólo pediría una cosa. Que la insensibilidad regrese de su largo viaje y me corone de una vez por todas. Yo sólo quiero seguir mirando por mi ventana. Contarle que ando mirando por mi ventana. Contarle que la noche está calmada. Que ya no hay carros ni gente ni perros. Sólo es su voz contra la mía... es su usual aliento gritandome en silencio que todo irá mejor.