miércoles, 14 de enero de 2009
Distinto el tinto
Cuando no lo veo, puedo armar un pequeño refugio con algunas de sus palabras del día anterior. Puedo imaginar que existe y ser feliz por ello. Puedo recrear su respiración valiéndome de la mía y cerrar los ojos para encontrarlo caminando torpemente, sonriendo con los libros a cuestas. Eso sucede cuando no puedo verlo, cuando ando ocultándome para no perder lo poco que me queda de equilibrio. Pero qué distinto es cuando voy contando cada uno de sus movimientos, cuando camino con los ojos alertas por si descubro alguno de sus rastros. Qué distinto es no ser tan distintos.. porque tú vas de un lado y yo de otro.. pero siempre te llevo conmigo.
lunes, 5 de enero de 2009
Do
Ayer andaba con una pesadumbre poco común. Algo así como una pesadumbre de "domingo" al que había que agregarle la odiosa palabra "calor". Entonces quedaría algo así como "caluroso domingo" o "calor de domingo" pero como odio los eufemismos diré que ayer fue un "domingo de mierda" y punto. También debo decir que ayer, después de muchísimo tiempo, me senté frente al teclado que me obsequió mi padre hace 7 meses más o menos. Me quedé mirándolo, dudándolo.. pobrecito, hace tiempo que no lo limpiaba y estaba cubierto de un polvo bastante denso y gris. No diré que hasta estaba cubierto con telarañas porque eso sería exagerar (con la loca manía que tengo de exagerar las cosas) No pensé más y lo prendí. Sentí mis dedos inertes y congelados pero aún así los puse despacito despacito en cada una de las teclas blanquísimas. Me sentía frustrada porque quise recordar algunos de los acordes que había estado practicando hace mil años y sólo logré recordar tres. Mis dedos comenzaban a moverse solitos y entonces pensé que no necesitaba ningún acorde. Sabes? No me parece justo... nada justo que tú seas cada una de las notas que necesito. Tus recuerdos son los acordes que me hacen soportar los pesados domingos de cada maldita semana..
sábado, 3 de enero de 2009
Golpes
Qué se supone que debo hacer cuando el corazón se me comienza a diluír, cuando ya no golpea ni bombea ni sonríe. Qué se supone que debo suponer cuando el peso es insoportable, tanto que mis manos comienzan a acariciar aquel rincón completamente desgastado de la soledad, ésa que siempre viene y va y se queda por siempre...
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