Antes era verano. El sol no quemaba tanto y los árboles eran más verdes. Y más bonitos.Antes corría mucho, me gustaba ir al parque. Me gustaba mucho patinar aunque papá nunca me dejara ir tan lejos. “Sólo por la vereda, Nata” También me gustaba andar en bicicleta. Bicicleta rosada con uno de los frenos malogrados. Me gustaba saltar y brincar y correr y volar. Era divertido. Las risas eran de todos los días aunque a veces abuelita hiciera que la diversión termine de pronto. Yo quería ser profesora o astronauta y así estaba bien. Pensar en pizarras verdes y planetas no descubiertos estaba bien. Soñar estaba bien. Bastaba mirar por la ventana y ver que el día estaba lindo.
Después vinieron muchos cambios. Los cambios no tenían cuadernos ni cascos. Las tardes sola en mi azotea no andaban en patines. Soñar me hacía cosquillas en las piernas y dormir era una buena solución a cualquier problema. Ahora dibujo y canto, a veces. Camino rápido para llegar temprano al trabajo y camino lentito cuando estoy por entrar al salón 504. Me da hambre a cada rato y me miro al espejo para acomodar mi cabello raro. Aprieto los puños porque otra vez mis dedos están helados. Cierro los ojos para verte. Para extrañarte sólo basta un papel, una canción, una lagrimita en la almohada. Para buscarte no hace falta nada. Nada. Mi azotea debe estar llena de polvo ahora. Igual que los cascos y los cuadernos.
domingo, 18 de julio de 2010
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