sábado, 12 de diciembre de 2009

pizca



Antes, cuando pensaba en una traición, me venían unas nauseas raras y unos dolores en el estómago. Antes, claro. Ahora, apenas siento una cosita rara en el corazón. Como un hinconcito. Será porque con tanto problema, el corazón que ahora bombea despacito se ha vuelto torpe e insensible. Será porque ya no es verano ni hay helados de menta y chocolate. Será no será. No sé ni estoy demasiado interesada en saberlo. Lo anotaré en el cuadernito de cosas que no entiendo. Más tardecito, seguro. Hoy salí a la callecita de la vida y había solcito. A cada paso, era un recuerdo de cuando vivía en la casa frente al parque grande y bonito. El verano en esa casa de escaleras con mucho mucho polvo. Polvo que yo limpiaba todos los días, renegando, claro. Mi hermano y yo corriendo por toda la casa, mi abuela gritándonos. Mi papi llegando a las 8 de la noche, yo corriendo a abrazarlo. Mi mami cocinando, mi hermano saltando en las escaleras. La típica escena de un domingo en la mañana: Nat alimentando a sus palomitas, que siempre cantaban tempranito tempranito. Mi hermano jugando en el parque. Yo mirando a Carlos por la ventana. Sonriendo por la ventana. Mis pasos se han borrado. Recuerdo pocas cosas. Pero sí, recuerdo haber sido feliz, soñando, pintando, saltando, gritando, cayendo. Lanzando piedritas por la ventana de la sala. Una traición a estas alturas...me caería mal, sí. Pero ya no siento ni pizca del verano del 99. Así que no importa.

1 comentario:

doble_r dijo...

estamos de cambios...
hacia la oscuridad...